No llegó con el fusil, sino con el maletín sanitario. No vino a conquistar tierra, sino a sembrar conciencia.

Ambrosio Mogorrón, enfermero vasco, hijo de mineros emigrantes, encontró en Nicaragua mucho más que un destino: halló una causa por la que dar la vida.

Llego a Nicaragua, allá por el año 80, con la brigada de alfabetización, cuando la Cruzada Nacional ardía en cada rincón del país. Pero pronto comprendió que enseñar a leer era apenas el primer paso en una tierra herida por siglos de abandono. Por eso cuando el Ministerio de Salud lo destinó a San José de Bocay, no dudó. Allí en esa zona montañosa y de difícil acceso, la guerra contrarrevolucionaria impulsada desde el Norte golpeaba con saña. Y junto al miedo, crecían las enfermedades olvidadas.

Allí, en el Bocay con recursos mínimos y voluntad infinita, Ambrosio combatió la lepra de montaña –esa cruel leishmaniasis que devora la piel y la esperanza- extrajo muelas con manos de cirujano improvisado, escuchó pesadumbres con alma de psicólogo y rastreó enfermedades con tenacidad investigador. La necesidad lo volvió dentista, terapéutica, científico. La solidaridad lo hizo hermano.

De hablar suave, de apariencia humilde, nadie habría dicho que dentro de ese hombre menudo habitaba una fuerza inconmovible.

Los campesinos del Bocay recuerdan a su “doctorcito” caminando bajo la lluvia,, cruzando ríos, subiendo lomas para llegar hasta aquel que lo necesitara.

Imponía respeto por la entrega, no pedía nada a cambio, salvo que el compañero y la compañera se curaran, aprendieran, se levantaran.

El 24 de Mayo de 1986, la guerra que él combatía con vacunas y palabras le salió al encuentro. Ambrosio Mogorrón cayó asesinado junto con otros 8 compañeros nicaragüenses, cuando en una furgoneta del ministerio de Salud se dirigían a recoger las vacunas para la campaña de vacunación contra la Polio y el sarampión.

Una bomba de fabricación Norteamericana estalló al paso del vehículo.

Ambrosio Mogorrón cayó junto a sus compañeros víctimas de esa contrarrevolución que sembraba muerte para matar la esperanza. Pero su luz no se extinguió.

Ambrosio se hizo bengala. Su memoria brilla permanente desde esa humilde tumba en la montaña, donde nunca falta una flor.Hay muertes que son derrotas y muertes que son semillas, tu muerte, Ambrosio fue una hoguera que no cesa.

A 40 años de tu muerte no te lloramos, te honramos con el compromiso de seguir luchando por ese país que fue también tu patria.

Ambrosio Mogorrón, enfermero, hermano, mártir de la solidaridad, tu legado en una luz que no se apaga.

AMBROSIO MOGORRÓN, PRESENTE!!! PRESENTE!!! PRESENTE!!!