Desde el Comité Europeo de Solidaridad con la Revolución Popular Sandinista, hoy, al cumplirse 47 años del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, levantamos nuestra voz para honrar la memoria de quienes hicieron posible aquel 19 de julio de 1979. Recordamos el heroísmo del pueblo nicaragüense que, con su lucha incansable, logró derrocar la dictadura somocista, símbolo de la opresión y el despojo. Fue el pueblo en armas, hombres y mujeres, trabajadores, campesinos y estudiantes quienes, con su sacrificio, abrieron el camino hacia la libertad y la justicia social.


Hoy, al conmemorar el 47 aniversario de la Revolución Popular Sandinista, recordamos con orgullo y profunda gratitud aquella gesta heroica que devolvió la dignidad, la justicia social y la patria a los que siempre habían sido olvidados.


La Revolución Sandinista nació desafiando al imperio más poderoso que haya conocido la humanidad. Cuando el 19 de julio de 1979 el pueblo nicaragüense derrocó a la dictadura somocista —sostén histórico de los intereses estadounidenses en Centroamérica—, no solo estaba poniendo fin a décadas de opresión interna, sino que estaba asestando un golpe directo a la política de dominación imperial en nuestra América.


Recordamos con especial admiración la valentía de miles de mujeres y hombres de todas las edades que, durante la guerra de los años 80, enfrentaron al imperialismo yanqui con coraje y dignidad. Especial mención a esa generación de jóvenes sandinistas, que dio lo mejor de su vida por la soberanía de la patria, y nos enseñó que la independencia se defiende con las armas y con la conciencia. Su legado es la resistencia frente a las agresiones externas y la certeza de que Nicaragua no se vende ni se rinde.


Con profundo cariño, gratitud y eterno reconocimiento, rendimos homenaje a todos esos compañeros caídos, nuestros héroes y mártires, quienes ofrendaron sus vidas en defensa de la patria y de los ideales de justicia, dignidad y soberanía nacional. Ellos entregaron lo más valioso, sus propias vidas, para que las futuras generaciones pudieran vivir en una Nicaragua libre, digna y soberana. Gracias a su sacrificio, entrega y ejemplo imperecedero, hoy Nicaragua continúa construyendo esta bella Revolución y preservando las conquistas y logros alcanzados por su pueblo. Su ejemplo de amor por la patria constituye uno de los pilares fundamentales sobre los que se levantan las esperanzas y victorias del pueblo nicaragüense.


Su legado vive en la resistencia frente a las agresiones externas y en la firme convicción de que Nicaragua no se vende ni se rinde. Su memoria permanece presente en cada avance, en cada conquista social y en el compromiso de las nuevas generaciones de mantener viva la llama de la Revolución Popular Sandinista. Nunca serán olvidados, porque viven para siempre en la memoria y en el corazón del pueblo nicaragüense, que honra su ejemplo y reafirma el compromiso de defender la soberanía, la dignidad y los ideales por los que entregaron sus vidas.


Este aniversario coincide además con los 40 años del histórico fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya en el caso Nicaragua contra Estados Unidos, una de las más importantes victorias jurídicas y morales de los pueblos frente al imperialismo. Aquel proceso demostró ante el mundo la responsabilidad de Estados Unidos en la guerra de agresión contra Nicaragua, en la financiación y organización de la contrarrevolución y en la violación de la soberanía nacional y del derecho internacional. Cuatro décadas después, este fallo mantiene plena vigencia como un recordatorio de que ningún poder, por grande que sea, puede situarse por encima de los principios de autodeterminación, no intervención y respeto a la soberanía de los pueblos. Recordar esta sentencia es también rendir homenaje a la firmeza y dignidad del pueblo nicaragüense, que supo llevar su causa ante la comunidad internacional y convertir su resistencia en un referente para todos los pueblos que luchan por su independencia y su derecho a decidir su propio destino.


Estas cuatro décadas y media de lucha ininterrumpida son testimonio de la resistencia, la creatividad y la fe inquebrantable de un pueblo que, contra viento y marea, ha sabido defender su derecho a decidir su propio destino. La Revolución Popular Sandinista no es un simple hecho del pasado; es un proceso vivo que se ha renovado en cada batalla: en la Cruzada Nacional de Alfabetización, en la reforma agraria, en la defensa de la soberanía frente a las agresiones externas, y en la construcción de un modelo de desarrollo humano, que hoy prioriza a los oprimidos y explotados “históricos” de Nicaragua.


Herederos de aquellas gestas, celebramos los avances sociales y económicos que son fruto de esa lucha y de la restitución de derechos impulsados en esta segunda etapa de la Revolución Popular Sandinista. Hoy la pobreza se ha reducido a la mitad, la educación y la salud son gratuitas y universales, la cobertura eléctrica supera el 99 % y miles de viviendas dignas han sido entregadas al pueblo. A ello se suma la construcción de una moderna red de carreteras que integra el país, nuevos hospitales, centros de salud, escuelas y universidades, la expansión del acceso al agua potable y al saneamiento, el fortalecimiento de la economía familiar y cooperativa, el respaldo permanente a pequeños productores, el impulso a las energías renovables, la modernización de puertos, aeropuertos y otras infraestructuras estratégicas, así como políticas que fortalecen el protagonismo del pueblo, de las mujeres, la juventud y las comunidades organizadas. Todo ello, junto a un modelo de seguridad ciudadana que ha contribuido a preservar la paz y la estabilidad del país, demuestra que la Revolución no se detiene: se profundiza cada día en derechos, en obras, en soberanía y en bienestar para las mayorías.


Todos estos logros, que parecían imposibles, son hoy una realidad palpable. Son el testimonio vivo de que la Revolución Popular Sandinista sigue vigente.


Hoy, cuando el imperialismo estadounidense continúa sus agresiones contra los pueblos del mundo —con bloqueos, sanciones, golpes de Estado y guerras—, el ejemplo de Nicaragua resuena con fuerza renovada. Un país pequeño, con limitados recursos, demostró que la resistencia es posible cuando el pueblo está organizado y consciente de su historia.


La Revolución Sandinista nos enseña que el antiimperialismo no es una consigna vacía, sino una práctica cotidiana de defensa de la soberanía, la autodeterminación y la justicia social. Nos enseña que la dignidad de un pueblo no tiene precio ni se rinde ante amenazas.


Que el ejemplo de Nicaragua inspire a todos los pueblos que hoy luchan contra el imperialismo. Que nos recuerde que, los de abajo también pueden ganar.


En este 47 aniversario, reafirmamos nuestro compromiso irrenunciable con la Revolución Popular Sandinista, con la autodeterminación, la paz y la no intervención. Nicaragua sigue en pie, firme y soberana, demostrando que un pueblo pequeño en extensión puede ser gigante en dignidad.


¡Viva Nicaragua Libre!!!


Sandino Vive!!!


¡La Lucha Sigue!!!


Europa, 19 de julio de 2026